es tanto lo que quiero decir que no sé cómo y no me alcanzan las palabras, se amontonan en la punta de mi lengua y salen desdibujadas, pálidas. sé que quiero decir eso, que no sé cómo, para lo que no me alcanzan las palabras, y me derramo en papel, fresca, pura, entintada. pero el papel no alcanza tampoco para que entiendas apenas, porque hay cosas de las que no pueden dar cuenta las palabras atrapadas. y busco entonces algo con qué decir y encuentro solamente el cuerpo, entero, para escribir la historia, para hacer carne las palabras, para que entiendas apenas. y así es que me escribo, me dibujo, me transformo en piel impresa para que sepas con la boca a qué sabe la tinta y juntes con las manos las palabras que puedan dar cuenta del sentido de lo sentido, y puedas entender apenas, leyendo en mi cuerpo entintado, todo lo tanto que quiero decir que no sé cómo, para lo que no me alcanzan las palabras
miércoles, mayo 14, 2008
viernes, mayo 09, 2008
parasitosis
No daba más del dolor de estómago. Desde que había vuelto del Amazonas estaba así, cada dos o tres días se doblaba del dolor y no había ningún antiespasmódico que le hiciera efecto. Empezaba con un ligero retorcijón que se iba apretando en espiral hasta casi cortarle la respiración, después venía la revolución interna con un ardor insoportable y dentelladas rabiosas dentro de las tripas que lo dejaban tumbado en posición fetal por horas. Había recorrido todos los consultorios de los gastroenterólogos de su obra social pero todos le dijeron lo mismo después de hacerle repetir una y otra vez los mismos estudios, no tenía nada, por lo menos nada detectable, porque el dolor seguía repitiéndose cíclicamente.
Estaba seguro de que había sido algo que había contraído en la selva, algo en el agua del río, después de todo parte de los síntomas empezaron ahí, en la ribera verde y húmeda plagada de vahos putrefactos de plantas y animales en descomposición. Sí, algo de ese agua extraña que se escurría por entre los dedos y que solamente podía sorberse directamente a los lengüetazos, como hacían los animales, debía haberlo enfermado, ya que fue justo después de haberla bebido que lo acometió un terrible cólico al que le siguió una diarrea nauseabunda y explosiva que desparramó sus heces en quince metros a la redonda. La diarrea le había impedido subirse los pantalones durante días porque las descargas inmundas se sucedían cada cinco minutos salpicando cuanto tenían a su alcance. En medio de una de esas explosivas defecaciones fue que sintió algo que se metía por su culo abierto y paspado de tanto cagar, pensó que era el roce de los yuyos sobre los que se había acuclillado, y como en ese preciso instante el volcán de sus intestinos se aplacó, no le dio mayor importancia. Pero ahora, retorcido de dolor tirado en su cama, recordaba cada uno de esos detalles tratando de encontrar la causa que los médicos no encontraban.
Era tanto el tiempo que pasaba dolorido que, cuando el dolor no estaba lo extrañaba con el extrañar que da la incertidumbre de pensar y pensar en qué momento va a llegar lo tan temido, y ese extrañar se hacía tan intenso que el dolor volvía. Y volvía con un correteo viboreante dentro de sus tripas que se le esparcía por cada uno de los nervios de su cuerpo. Y no volvía solo, volvía con el hedor de los condenados que se le escapaba por el pecho, con ese olor particular de flores mustias amontonadas en el encierro. Y es cierto que el dolor le dolía y el hedor lo enloquecía, pero también es cierto que en algún punto lo calmaban porque le daban la seguridad de tener algo propio, y se regodeaba entonces como un cerdo en el barro revolcándose feliz en su desgracia.
Sus amigos, preocupados, lo llevaron a la rastra hasta la covacha de una curandera en la provincia que lo miró, lo palpó, lo olfateó espantada y sentenció:
-Mhijo, lo que vos tenés son bichos, gusanos, lombrices. Se ven las colitas ahí, en el fondo de los ojos y se sienten en la panza como te andan hurgando por adentro. Tenés que matarlas rápido antes de que te maten a vos. Te están llegando al corazón para anidar, por eso hedés de esa manera en el pecho, están poniendo como batarazas enloquecidas. Rápido mhijito, rápido- y lo untó con alcanfores, mientras el se reía- Ave María Purísima- lo ahumó con cáscaras de ajo- sin pecado concebida- lo bañó con agua de lluvia curada al sereno- llena eres de gracia- le colmó la boca con semillas de zapallo secas. Y mientras seguía rezando y persignándose iba preparando una botella de caña con mejunjes. -Tomate esto chiquito, tomátelo todo de golpe a la noche que te va a hacer bien así quedan con el hocico abierto y tontas y después se desprenden. Pero rápido mhijito, no dejes pasar más tiempo-
Y él, riéndose, escupiendo semillas entre dientes y apestando como nunca entre su propio hedor, los alcanfores, el ajo y el agua de lluvia, agarró la botella y se fue.
Llegó a su casa después de tres horas de viaje y se metió directamente bajo la ducha para sacarse el terrible olor que traía encima, pero no pudo terminar porque un ligero retorcijón que se fue apretando en espiral casi le cortó la respiración, después vino la revolución interna con un ardor insoportable y dentelladas rabiosas dentro de las tripas lo dejaron tumbado en posición fetal en la bañera. Como pudo se incorporó en medio de espasmos y trató de arrastrarse hasta la cama pero quedó tendido a mitad de camino. El dolor era terrible, parecía que cada una de sus terminaciones nerviosas estaba a cielo abierto multiplicando por millones lo que pasaba en su estómago. Espumarajeó por la boca quedando inmerso en un charco de baba verde y antes de que sus ojos empezaran a darse vuelta vio y manoteó la botella de la curandera. Como pudo, en medio de las convulsiones que lo estremecían, intentó sacarle el corcho con los dientes pero un bruto sacudón de sus mandíbulas partió el cuello de la botella y se le llenó la boca de líquido y vidrios que masticó junto con su propia lengua. Poco a poco tragó el líquido mezclado con vidrios, pedazos de lengua y sangre de su boca destrozada y empezaron a adormecerse, él y su dolor, chapaleando los últimos estertores en medio del charco de baba verde.
Salió de su desmayo por un terrible cólico al que le siguió una diarrea nauseabunda y explosiva que estampó sus heces en las paredes del living. Quiso pararse pero una segunda descarga inmunda volvió a tumbarlo, y así fue una y otra vez hasta dejarlo exhausto y cubierto de mierda pero, extrañamente, sin dolor.
Sin dolor. Sin dolor, y se ahogó en un grito de angustia. Sin dolor de ahora en más, sin algo propio, y se revolcó furioso en su propia mierda. Sin dolor para siempre, y se hundió las uñas en el ombligo desgarrándose la piel y los músculos, liberando a miles de gusanos blancos que lo devoraron, feroces, devolviéndole el dolor, devolviéndole algo propio, de ahora en más, para siempre.
lunes, abril 28, 2008
recuerdos del futuro V
Entró a su casa como si fuera la primera vez estrenando cerradura y llave. Recorrió las habitaciones medio desmanteladas haciendo un inventario de lo que había quedado, de lo que podría reponer y de lo que tenía que esperar o quizás nunca volvería a tener. No más perro que saludaba y mordía los talones cuando entraba. No más peceras luminosas. No más un montón de cosas. Sintió lo mismo que la vez que recibió el bosquejo de demanda por mail, una mezcla de tristeza, nostalgia, ansiedad y alegría; saudade, pensó, eso era saudade. Qué raro le resultó entonces ver quince o veinte años de su vida en una carilla aséptica, desafectivizada, ver en pocas palabras el resumen de hechos tan cruciales, unión, vínculos y disolución, todo así en una chorrera de letras negras sin emoción. Y era así de raro ahora ver lo que había quedado de esos quince o veinte años, una serie de cosas materiales, bastante menos plata en el banco, una casa compartida en los papeles, todo aséptico, desafectivizado, como en un hospital frío azulejado hasta el techo, como en una morgue que albergara quince o veinte años muertos.
Se sentó sobre el piso frío en dónde hasta ayer había estado un sillón y se prendió un cigarrillo acordándose de un par de sus textos, de los sentimientos que había enlazado con palabras, de cómo entendieron unos y otros el sentido, de por qué había escrito lo escrito, de cómo había imaginado con sus letras el futuro, y se rió bajito por lo absurdo y acertado de algunos. Se levantó en la oscuridad y a tientas adivinó una copa que llenó de borgoña en la cocina. Se sacó las botas y descalza volvió a su lugar con la copa en una mano y la botella en la otra. Se sentó de nuevo en el piso y el gato más viejo se le acercó despacio, se le acomodó sobre la falda haciéndose un ovillo ronroneante, mientras el vino le calentaba las tripas. Y de golpe estaba tan cansada que ni ganas de acordarse tenía, porque de lo único que se acordaba era de la parte agobiante y para agobio ya tenía bastante con la sensación de su cuerpo. Se prendió otro cigarrillo, se sirvió otra copa y otra más y la cabeza se le fue afelpando por dentro, muy a pesar suyo, con la calidez de más recuerdos. Se acordó ahora de ese día, y ese, y esos otros, de los viajes, las mudanzas, los días claros, y se le escapó una lágrima de perdón, propio y ajeno. Se dio cuenta de que lo único que quedaba desde hacía mucho tiempo no era desafecto sino recuerdos, como pasa con los muertos, y entonces lloró por la muerte en sí como cuando alguien se muere de cáncer. Y como cuando alguien se muere de cáncer fue tal el alivio de la muerte que se sintió redimida y se durmió ovillada en el piso junto a su gato, soñando sueños nuevos, mientras un jardín de semillas plantadas hace un tiempo le crecía adentro.
lunes, abril 21, 2008
borbotones
Tenía la piel reseca. Pensó que de tanto haber tomado sol su piel había quedado así, apergaminada, escamosa, y pasaba media hora por noche antes de acostarse untándose crema hidratante por todo el cuerpo. El verano pasó y su piel seguía igual, traslúcida y opaca a la vez, ajada. Creyó entonces que el frío estaba haciendo estragos y siguió con el ritual de la crema. Se le notaba más en los labios, eran dos pétalos marchitos que se partían y sangraban cada vez que quería sonreír y le dolía tanto que dejó de hacerlo.
Mustia, estaba cada vez más mustia y yerma y triste también. Las plantas se le secaban por más que las regara. La comida le quedaba seca y quemada aunque controlara minuto a minuto la cocción. Su casa era un cúmulo de polvo volátil porque todo lo que tocaba se arrugaba, se ajaba y se desmenuzaba en miles de escamas blanquecinas, como su piel. Se aisló, avergonzada de su piel, sus labios sangrantes, su tristeza y de la polvareda que la seguía a todos lados, porque en verdad era terrible ese toque de Midas que envejecía, momificaba y mataba todo cuánto tocaba. El año fue y vino cinco veces acostumbrándola a la costumbre del torbellino de polvo a sus espaldas e hizo un santuario de su soledad, como todo solitario.
Se sentaba cada noche sobre un montoncito de polvillo moldeando figuras que se deshacían antes de terminarlas mientras trataba de determinar el momento exacto en que había empezado esa tortura. Se iba para atrás en el tiempo y se sumergía en recuerdos verdes, rojos y naranjas, turgentes, lozanos. Recorría los días del verano en que la piel se le había resecado buscando un qué o un cómo, pero no había ni comos ni qué, solamente había soledad mal acompañada que como una polilla gigante se había apoderado de todo. A lo mejor era eso nada más, tanto y tan poco.
Se imaginó a sí misma como una gran polilla reseca, polvorienta, y la imagen le causó tanta gracia que se olvidó del dolor y se rió con toda la boca y miles de hilitos de sangre le brotaron de los labios mojándole los pies. Era tan rara la sensación de algo húmedo en medio de su sequedad que siguió riéndose como una loca. Cada carcajada levantaba montoncitos de polvo mezclado con sangre, como mariposas que echaban a volar a su alrededor y pronto estuvo rodeada por una nube de ellas, rojas, naranjas y amarillas. Abrió la boca bien grande para exorcizarse con la risa y una mariposa se le metió haciéndole cosquillas por dentro del ombligo.
Y con cada aleteo la boca se le volvió pimpollo y la piel durazno perfumado.
Y el agua le brotó a borbotones junto con la risa.
Y como al principio de los tiempos, el alma le bailó en el cuerpo.
martes, abril 08, 2008
El Dorado
Cuando caminaba hacía temblar la tierra y brotaban flores amarillas de las huellas de sus pisadas. Esplendía, iluminaba, teñía todo con el resplandor que emanaban su piel y sus ojos. Por donde él andaba no existía la oscuridad ya que transformaba la noche en día a su paso.
Ella en cambio era una sombra etérea que escapaba de la luz, tan leve que sus pies apenas rozaban el piso. Tenía la sabiduría de las brujas y veía el mundo en la superficie del charco de agua de lluvia que se colaba en su cueva sombría. Pálidos reflejos negros, eso era lo único que conocía. El charco se estremecía y cobraba vida, tomaba la forma de lo que le mostraba, un día era montaña, otro día mariposa, otro día flor, siempre desdibujado, opacado, pálido reflejo negro de la realidad. Pero ella se sentía tan protegida con su charco en la oscuridad que no necesitaba salir de su cueva, no quería. No quería conocer más que los pálidos reflejos, esa era su realidad.
El charco le mostró un día lo que era un hombre y ella quedó maravillada, enamorada de la figura acuosa. Estiró los dedos para saber cómo se sentía el tocarlo cuando la tierra tembló deshaciendo el charco en millones de gotitas y un terrible resplandor la encandiló. Cerró los ojos aterrada por la figura descomunal que tenía frente a sí, pero la claridad se los abría a la fuerza tironeándole de las pestañas y no le quedó más que parpadear y animarse a ver. Vio, miró la figura en todo su esplendor y se dijo a sí misma que eso que ahora tenía adelante era realmente un hombre, no un pálido reflejo. Estiró los dedos para saber cómo se sentía el tocarlo, se llenó de luz y lo siguió, rozando levemente con los pies la estela de flores amarillas que él dejaba a su paso. Y así salieron los dos al mundo luminoso, la antes oscura y El Dorado, reverdeciendo el otoño.
Deambularon sin rumbo y él le mostró el universo, le enseñó las formas, los sonidos, los colores, los sabores, los olores, sacándole la sombra de adentro. La alegría les bailaba en el cuerpo de tal forma que se supieron cachorros y jugaron oliéndose, lamiéndose, mordiéndose, gruñendo apenas, revolcados en un colchón de flores amarillas fundiendo humedades. Y en el momento exacto en que se reencontraron cada uno en el centro de la suavidad cálida del otro, renacieron en un mundo nuevo.
lunes, marzo 31, 2008
tenés la cabeza abombada con un algodón suave en la parte occipital que se te desparrama hasta el cuello y un nudito en la garganta. son muchas cosas juntas y nadie dijo que fuera fácil pero vos te la creíste de una, quélevasahacer, es lo que hay. y en el medio tanto, tanto, tanto, tu letrado patrocinante, la taquicardia, las extrasístoles compensatorias, el fracaso, el éxito, lo que podés y lo que no podés, los encuentros y desencuentros, los reencuentros, todas la cuestiones de la adultez. tu viejo que te llama, sabio sapiente que sabeaprendió a no cuestionarte y te regala unos mimos de palabras de amor incondicional que te desarman y te hacen volver a sentir chiquita, chiquita, como cuando en invierno te tapaba bien tapada, te abrigaba y te contaba cuentos y te dormías tranquila y feliz y amada. y bueno, así andás, desarmada, teniendo gente que te cuida y te quiere sin pedirlo y eso es lo más loco y también lo más difícil, porque para vos, que siempre te cuidaste sola y nunca pediste ayuda ni nada, de repente que te cuiden y te mimen es muy loco. obvio, se te cae la armadura a cachos y tanto te cuesta que en vez de escribir cae escribiste “ace” en un puto intento de rearmarte. boluda, aprovechá que está bueno, en serio te digo, dejate acariciar la cabeza y descansá, que tanto andar con los botines de punta no es vida. aprovechá el pecho que te brindan, apoyate y respirá hondo que todavía falta, aprovechá el hombro que te dan y llorate todo lo que venís tragándote, que la descarga hace bien y purifica. aflojá un poco, que no es la muerte de nadie eso de andar expresando. claro, a vos que tenés la plasticidad de un cacho de mármol eso de andar expresando te cuesta un huevo, pero más vale que te chupe y no que te cueste. y ya sé que no sabés y estás en la nebulosa. y ya sé que no sabés como hacer para andar por la calle con las emociones que se te escapan por los poros, pero sí sé que es peor sangrar por la herida.
jueves, marzo 27, 2008
miedo
¿Cómo había llegado a ese punto? Las preguntas le latían en la oscuridad mientras se agazapaba debajo de la mesa y rogaba para que el mantel la tapara por completo. Se agarraba fuerte el cuerpo para que el temblor de sus huesos y el estruendo de su corazón no la delataran. -Que no venga, que no venga, que no venga- rogaba entre pensamiento y pensamiento.- Que no me encuentre, que no me encuentre, que no me encuentre- repetía entre recuerdo y recuerdo. -Que se vaya, que se vaya, que se vaya, que no venga, que no me encuentre, que se vaya- Y el miedo le subía como una gran bola de vómito agrio desde el centro del estómago hasta la garganta.
Miedo. Le tenía miedo, o más bien, tenía miedo de él. No era miedo a la agresión física, que estaba segura, podía repeler de la forma más feroz. Era algo mucho más sutil que un golpe, era algo como un velo que cubre y descubre movido por el viento. Era miedo en estado puro que bombeaba miedo desde el fondo de sus pupilas dilatadas, se esparcía por el aire cada vez que espiraba y volvía a metérsele dentro cuando inspiraba. Era miedo que le tensaba cada uno de sus músculos hasta dejarla catatónica.
-¿Cómo había llegado a ese punto?- se preguntaba entre espasmo y espasmo mientras trataba de adivinar las pisadas en el corredor. -¿Cómo había llegado a ese punto?- se repetía advirtiendo un murmullo de pies lejanos. -¿Qué había pasado con ella?- y el roce de los zapatos cada vez más cerca la hacía temblar - ¿Qué había pasado con él?- y el taconeo perpetrando la habitación le cortó la respiración. Y ya no hubo lugar para más pensamientos que pudieran oírse, solamente le quedaba abrazarse a su cuerpo haciéndose un bollo chiquito para aguantar la andanada. Cerró fuerte los ojos y rezó el único rezo que conocía -que no me encuentre, que no venga, que se vaya- pero el estruendo de sus huesos castañeándole dentro la delató.
La luz estalló en mil pedazos junto con los cristales destrozados por el tirón del mantel, esos cristales que una vez fueron azules y ahora, totalmente transparentes.
Y ella, indefensa, agazapada, se deshizo bollo y se armó cuerpo con la zarpa que la agarró de los pelos y entendió que ya era suficiente.
Ella, indefensa, parada, absorbió un par de ojos chiquitos que le entraron por sus pupilas dilatadas, dejándolo ciego.
Ella, parada frente a él, inerme, le ofreció la boca como en otros tiempos.
Ella, jugueteando con su lengua, le devolvió el vómito agrio empujándoselo por el esófago hasta hacérselo tragar por completo.
miércoles, marzo 26, 2008
Cuando alguien, compungido por el mal momento que está pasando, dice “ todo vuelve” a manera de promesa de futura justicia divina ¿no piensa que eso que le está pasando es el boomerang de mierda que tiró hace años y ahora le estalla en la espalda?
Porque, vamos, si todo vuelve...
martes, marzo 25, 2008
y...
Y el tipo caliente como una pipa le gritó a la secretaria del lugar que quería hablar con alguien que le diera una respuesta acerca de toda la plata que le debían.
Y la secretaria del lugar lo miró arqueando la ceja izquierda y llamó al que tenía que darle una respuesta
Y el que tenía que darle una respuesta no lo quiso recibir
Y el tipo caliente como una pipa amenazó a la secretaria del lugar con subir la escalera de a cuatro escalones para ir a partirle la cabeza al que tenía que darle una respuesta y no lo quería recibir.
Y la secretaria del lugar no se interpuso, ni llamó al interno para prevenir, se prendió un cigarrillo y le dijo al tipo caliente como una pipa:
-Fijate, si querés ir a partirle la cabeza, andá, pero me parece que vas a tener el doble de problemas, vas a seguir sin la plata y encima con quilombos porque van a llamar a la policía. Te vas a sacar la bronca pero vas a terminar peor. Subí si querés, es la primer puerta después de la escalera.
Y el tipo caliente como una pipa se quedó clavado en el lugar pensando, después le pidió disculpas a la secretaria del lugar por haberle gritado reconociendo que ella no tenía nada que ver en el asunto y se fue dándole las gracias.
Y la secretaria del lugar se quedó pensando en que era justo y necesario pedir urgente un aumento de sueldo.
martes, marzo 18, 2008
orgullo de padres y maestros
No eran las típicas alumnas de un colegio de monjas, pero a pesar de eso sufrían la tortura académico eclesiástica desde hacía cuatro años. Se habían hecho ateas por llevar la contra y armar un poco de ruido adentro del silencio sumiso del resto del rebaño más que por convicción. Se negaban sistemáticamente a participar de las clases de religión y también se negaban sistemáticamente a participar de la misa del primer viernes de cada mes. Claro que cuando la cosa se ponía fulera y empezaban las amenazas de amonestaciones, se metían sus convicciones en el bolsillo, agachaban la cabeza, entraban a la capilla y arrodilladas como arrepintiéndose de sus pecados, dormían toda la ceremonia.
Realmente eran un grano en el culo para el sistema porque a pesar de llevar la contra en todo eran excelentes alumnas, sí, incluso en los exámenes de catequesis sacaban buenas notas vomitando sobre el papel palabras aprendidas de memoria junto con su parecer personal. O sea, podían no estar de acuerdo con un montón de contenidos pero los sabían y fundamentaban lógicamente cada uno de sus pensamientos desviados de la norma.
-Rebeldes, Sras - le decían a las madres en las reuniones de padres- sus hijas son rebeldes, no se integran con el resto, están siempre las dos juntas en un mundo aparte-
Y sí, estaban las dos en su mundo particular tratando continuamente de diferenciarse de la manada, pero sabiendo que para poder seguir haciendo la suya sin problemas debían cumplir mínimamente con algunas cosas, por ejemplo el estudio, por ejemplo los horarios, por ejemplo los retiros espirituales.
Los retiros espirituales, terrible aburrimiento, dos días y una noche perdidos, enclaustradas en alguna casa religiosa sin ver el mundo. Si no iban corrían las faltas y era mejor reservarlas para alguna rateada estratégica, y ojo, este era un pensamiento compartido por ellas dos y el resto de las treinta del curso.
El retiro anual las alcanzó a mediados de agosto. La casa de ejercicios espirituales era un lindo lugar con un comedor enorme, vidriado, que daba a un jardín lleno de flores y de sol, un salón al lado, oscuro y lleno de imágenes religiosas para poder hablar sin distracciones sobre dios y esas cosas y arriba, en el primer piso, las habitaciones. Eran habitaciones dobles con baño, distribuidas a lo largo de un pasillo. Ellas eligieron la de la punta más alejada de la del cura, acomodaron sus cosas y bajaron para empezar a pasar el tiempo antes de la libertad. Y el tiempo les pasó bastante rápido de la mano de un cura piola que apuntó hacia el sentido de la vida. El problema ahora era la noche. Había que pasar esa noche sin música, sin tele y sin películas, aguantando a treinta estúpidas que no iban a dormir excitadas por el exceso de azúcar.
Se encerraron en su habitación escuchando el cuchicheo de las treinta estúpidas que iban y venían de cuarto en cuarto masticando caramelos.
Once de la noche y el cuchicheo no cesaba.
Doce de la noche y el cuchicheo seguía.
Doce y media, el cuchicheo no cesaba, seguía, pero no se acercaba a su habitación.
Se prendieron tremendo caño y ya no les importó ni el cuchicheo, ni las risitas, ni las corridas por el pasillo que siguieron toda la madrugada. Estaban en su universo particular, pasando esa noche sin música, sin tele y sin películas, aguantando a treinta estúpidas que no dormían excitadas por el exceso de azúcar.
Ocho de la mañana, timbre para levantarse e ir a desayunar.
Salón comedor casi vacío. Café con leche humeante, recién hecho, olor a tostadas y mermelada, solcito tibio a través del vidrio. Solamente el cura y ellas, hablando del sentido de la vida.
Un piso más arriba, pasillo oscuro y silencioso, treinta miembros del rebaño del señor adormecidos por el exceso de azúcar y la falta de sueño.
Diez de la mañana, un cura furioso abandona la casa de ejercicios con el expreso pedido de amonestaciones para todas
menos para las dos no miembros del rebaño del señor.
de la criatura de siete:
-má, vos cuando te pusiste de novia con mi papá ¿estabas muy enamorada?
-sí
-y le hacías cariños?
-sí
-y tenías sexo?
-...sí...
-buenísimo
jueves, marzo 13, 2008
cosas
de esas cosas de las que no se habla
de esas que nadie confiesa
de esas que dejan ojos abiertos cuando muestro un todo rejuntando decires de hace un mes, tres años, dos días.
de esas
siempre en algún momento voy a hablar,
no porque me interese la verdad
sino porque me lo debo a mí misma.
martes, marzo 11, 2008
waiting for
mi música, mis jardineros, mi té con jenjibre, mi gato ronroneándome al oído, y yo... esperando sin esperar nada.
jueves, marzo 06, 2008
lunes, marzo 03, 2008
Por más que sepas con la cabeza toda la historia del control y de aprender a soltar, hasta que el imprevisto no te traspasa el cuerpo no entendés. No entendés en toda su magnitud que los mapas y esquemas son solamente construcciones. No entendés que no hay abismos porque el paracaídas siempre se abre.
Y así de repente,
se te queman las cartas de navegación y andás a la deriva
y en realidad te chupa un huevo,
porque empezás a ver tus días claros.
Bueno, nada.
Eso.
jueves, febrero 28, 2008
martes, diciembre 18, 2007
la mancha
La gente se moría, sí, lo sabía. Lo sabía así, con el pensamiento. La gente se moría en la tele, en las películas, en los dibujitos animados, claro que se moría. Pero eran muertes mediatizadas por una pantalla o por mi fantasía de siete años. “Esa” gente se moría, la que estaba detrás de un vidrio, “ésta” gente, la de todos los días, la que se podía tocar, ver de frente, oler, esta gente no, ésta no se moría. La muerte para mí todavía conservaba esa sutil diferencia entre lo que es a los otros y lo que es a uno. A pesar de eso yo le tenía miedo a la muerte. Tenía miedo de que mis padres murieran, pero era el miedo al desvalimiento y a la falta de su amor, no miedo a la no existencia. Tenía miedo de los vampiros y el diablo, de una realidad totalmente palpable en ese momento, pero era miedo al daño, no al dejar de ser. ¿Miedo a morirme? No, no, era omnipotente e inmortal, porque la muerte era solamente de los otros, de los unos, algo muy muy lejano, que de tan lejos que estaba no podía rozarme, no era de uno.
Y estaba todo tan equilibrado, tan proporcionalmente acomodado entre lo de los otros, lo de los unos y lo de uno, que no había lugar para nada más... hasta que la mancha se abrió paso en silencio.
La mancha era hipnótica, como una gota gigante de mercurio negro rojizo. Sin salpicaduras, con bordes netos, definidos, brillante todavía sobre el piso de granito verde oscuro con piedritas blancas y grises. Era como un gran agujero en el piso del palier, la boca de un pozo sin fondo. Era a la vez hondura y elevación globosa. Era puro fin adornado por vidrios minúsculos y, también comienzo de un camino hecho de huella roja arrastrada hasta la puerta destrozada, hasta la vereda, huella que se fundía más allá con el negro del asfalto. Era el límite del tiempo detenido ante mis ojos y mis pies yendo a la escuela, y límite también del no cuerpo de otro y mi propio cuerpo. Era la voz lejana de mi viejo diciendo que alguien había tirado pintura y yo entendiendo por primera vez lo que significaba una mentira piadosa. Era yo juntando en dos segundos la corrida con mi mamá la noche anterior cuando unos tiraban a otros al piso y les apuntaban con armas a la cabeza, la cena en la cocina de casa con las ventanas cerradas y tosiendo por los gases, los gritos, los golpes en la puerta del edificio, el estallido de los vidrios, los ruidos secos y el silencio después. Era yo, absorbida e hipnotizada, sacudiéndome por primera vez en toda mi mortalidad, para siempre.
jueves, noviembre 15, 2007
de la criatura de siete
-má ¿qué es sexo?
-(glp) puede ser dos cosas, según cómo se use la palabra. una cosa puede ser lo que te define a vos como mujer y a un chico como hombre.
-ah! el pito, la pochola y eso.
-claro
-¿ y la otra cosa?
- dos personas...
-(interrumpiendo) que están desnudas en una cama con eso de hacer bebés ¿no?
-claro
de la criatura de cinco
- la concha del pato!!
- mamá! no tenés que decir la concha del pato!!
-¿a no? ¿y qué tengo que decir?
- la concha de tu madre
jueves, noviembre 01, 2007
la sombra
Soy la podredumbre que habita en sus entrañas, Medusa ciega inmune a los espejos. Soy los pensamientos y sentimientos más abyectos, los gritos que ahogan en la almohada. Soy el placer del sentimiento homicida y la culpa que conlleva. Soy el vacío por la muerte del amado y el gusano que se nutre con su carne putrefacta. Soy eso que jamás dijeron ni dirán pero que los marca y atormenta. Soy lo real de cada uno, sin disfraz ni maquillaje, sin palabras. Soy lo que no porta la mueca inmunda del esperanzado, sino lo que luce la belleza del instante de detenimiento que se produce antes de la muerte. Y cada uno sigue mirando pensando, idiotas, que sólo habito en el otro, sin darse cuenta que todos son mi pueblo. Soy el terror del desamparo, la bajeza más profunda, el abismo en el que se hunden cada día y del que tratan de escapar con la poesía. Soy eso a lo que nunca podrán ponerle nombre y sin embargo los corroe con el imperativo categórico, el único del que dan cuenta ¡Sufre! Soy lo que tapan, entierran, esconden en cada recoveco de su alma, y sin embargo aparece en cada rincón del pensamiento. Soy el sabor amargo que intentan endulzar intentando el amor. Soy la droga que produce la peor abstinencia, soy la destrucción. Soy lo que quieren matar, estúpidos, sin saber que no se mata lo que está muerto desde el origen. Soy el tope a sus vanos esfuerzos de imaginar la felicidad, imbéciles, que no cesan de estrellarse contra mí. Porque ahí, en ese fondo último y recóndito de cada uno, no hay otra cosa por más que quieran. Yo, y ustedes. Yo, medusa ciega. Y ustedes, sin alternativa.
viernes, octubre 26, 2007
la falta de hidratos de carbono me convierte en una muy mala persona, sabelo.
viernes, octubre 05, 2007
estrés pos traumático
Tic-tic-tic
Tac-tac-tac-tac
Toc-toc-toc-toc-toc
TOC-TOC-TOC-TOC-TOC-TOC-TOC-TOC-TOC-TOC-TOC-TOC-TOC
Despertar apedreado, casi lapidado.
En sus puestos, preparados, listos, ya, sin repetir y sin soplar, pasos a seguir a la voz de ¡ahijuna canejo!:
Primero: ventanear, avistar, calcular tamaño, peso y volumen para llegar a la conclusión de que está cayendo flor de tosca.
Segundo: correr y constatar que los tachos están ubicados en los lugares estratégicamente designados.
Tercero: ave maría purísima, san judas tadeo, que no se haga agujero, que sea sólo cascoteo.
Cuarto: bloquear imágenes de julio del 2006, a saber: Uia! Ta cayendo piedra. Maaaamita! qué toscazos. Jaja! Imaginate lo que debe ser la calle. Che! De dónde sale esta agua?? Tá que lo parió! Ta entrando a chorros por el techo. Mierrrrda! Buscá algo para tirar el agua para afuera que me llega hasta los tobillos.
Quinto: mirar, mirar y mirar el techo. Y de nuevo, a manera de refuerzo positivo, ave maría purísima, san judas tadeo, que no se haga agujero, que sea sólo cascoteo.
Sexto: habiendo comprobado que cientos de miles de pesos enmembranadosasfalticados han resistido a este pseudo día después de mañana, intentar dormir hasta que suene el despertador, no sin antes lanzar, a manera de conjuro maléfico, una flor de puteada a luiseltechista, que todavía no detectó de ande cuernos viene la goterita del entrepiso.
jueves, septiembre 27, 2007
viernes, septiembre 07, 2007
jueves, agosto 30, 2007
jueves, agosto 23, 2007
palpitando la previa
primereando el nacimiento de la tardecita entogareme, embirretareme y enfilaré montada en taquitos hacia parral y la vía. diré: he llegado y, al final de la frase “por lo que habéis vocado” exclamaré: sí, juro. no remontaré birrete cual barrilete cósmico, porque el que el que cuelga, pincha, rompe, paga, pero me empedaré de lo lindo junto a los beodos de siempre. y a partir de hoy, correctamente jurada, titulada y próximamente matriculada, podré exigir con la frente bien alta: digamé licenciada.
jueves, agosto 16, 2007
miami ink
miércoles, agosto 15, 2007
viernes, agosto 10, 2007
algo pasa en liliput
Di un par de vueltas antes de contarte esto que te voy a contar. No es que sea algo grave o algo tabú, no, no, nada de eso, es... algo raro. En serio, es bien raro, porque bueno, te lo voy a decir de una buena vez: por mi casa vive una enana gigante. Te juro que es verdad, no te rías ni me salgas con que un enano gigante vendría a ser lo mismo que una persona común, porque no. La señora en cuestión es más alta que yo, que si bien ves no soy demasiado alta pero calculo que al metro cincuenta y cinco llego, me debe llevar unos cuantos centímetros de ventaja en el altímetro. Me la cruzo a veces, la miro de reojo para no incomodarla y me siento como el gato Silvestre cuando se confunde y cree que un canguro es un ratón enorme porque, a ver si nos entendemos, la mujer tiene estatura normal para mujer, pero es enana ¿tu comprends ce que je te dis? Tiene forma de enana, facies de enana, pero... es alta. Y así ¿viste? de andar dándole vueltas al asunto que es toda una contradicción en sí mismo, se me ocurrieron un par de historias jugosas con explicaciones posibles dentro de lo imposible, pero me acordé de la nena enana que protagonizó una película y dijo que con lo que ganó se iba a hacer una operación para alargarse las extremidades. Y a lo mejor ¿quién te dice? por ahí la historia que más cuadre sea que la señora esta es la nena esa, u otra cualquiera que soñaba con piernas largas de cigüeña, que creció, se operó y vive contenta y feliz por Camargo y Acevedo.
viernes, julio 20, 2007
martes, julio 17, 2007
viernes, junio 08, 2007
el negro
Al negro Miguel lo conocí hace un montón de años, calculá, yo andaría por los tres o cuatro. Era simpático el negro ¿viste? de esos tipos que llegan a un lugar, no conocen a nadie y en cinco minutos se transforman en el centro. Era el novio de mi prima Normita, la gorda. Se había metido en medicina pero la guita no le dio y tuvo que largar para dedicarse a laburar, y a la política, claro. Porque el negro además de simpático y hablador era de la JP. La cosa es que a mí me gustaba el negro, me gustaba escucharlo. Me acuerdo de las reuniones familiares en donde siempre dirigía la conversación y yo me hacía un bollito en un sillón para oír sus historias. Al principio, como hacía poco había largado la facultad, hablaba siempre de cosas de medicina, de anatomía, de enfermedades, de cadáveres, y eso me fascinaba, así que cada vez que lo veía le pedía que me contara de nuevo- esa historia negro, la de los muertos, dale- y el negro se mandaba y me contaba. Cuando veía que me asustaba demasiado desviaba la charla y me terminaba hablando de los perros, de su bóxer y de que cuando tuviera cachorros me regalaba uno aunque mi vieja no quisiera. El negro se casó con Normita y se mudaron cerca de casa, así que nos encontrábamos seguido. Seguía hablando como siempre, pero ahora todo era Perón y los compañeros y los montoneros y la justicia social y que con los compañeros iban en nombre del general y les pateaban los puestos a los hijos de puta del mercado que aumentaban los precios y se aprovechaban de la gente. Y yo pensaba que qué gran tipo debía ser Perón que no dejaba que los tipos de los puestos se aprovecharan de la gente, que cuando fuera grande seguro me hacía peronista. Un día contó que Perón había llegado y no sé dónde unos cantaban Perón Evita, la patria es peronista, y se agarraron con otros que cantaban Perón, Evita, la patria es socialista, y se armó flor de quilombo y se mataron entre ellos. Ahí pensé que mejor no, que mejor no me hacía nada peronista, porque si por una cancioncita la gente se mataba, Perón debía ser flor de nabo. Igual el negro entre Perón y los montoneros, seguía hablando de los muertos. No sé bien en qué momento la historia de los muertos empezó a cambiar, yo era muy chica, pero los muertos eran otros, ya no había camillas, había tumbas que nadie conocía, agujeros sin nombres, no sé, era diferente. Además ahora el negro hablaba en voz baja mirando para el piso y cuando yo le pedía que me contara - esa historia negro, la de los muertos, dale- me contaba nada más la de los perros. Y así, de a poco, empezamos a verlo cada vez menos al negro. Seguíamos yendo a lo de Normita y Normita seguía yendo a mi casa, pero el negro no estaba y la gorda decía no sé qué de unas casas clandestinas y todos ponían caras largas y cambiaban de tema. Igual a veces lo veíamos, caía de improviso a comer, siempre de noche y a las apuradas, llegaba, sacaba un chumbo de adentro del saco, lo ponía arriba de una biblioteca y me decía que “eso” no era para que lo tocaran los pendejitos, mostraba planos de calles y les decía a mis viejos que si le pasaba algo fueran a buscarlo a tal lado o a tal otro, terminaba de cenar y se iba. Una de esas veces se apareció con un paquete mediano envuelto en papel madera, lo dejó al lado del chumbo, el paquete hacía tic-tac muy fuerte y mi viejo le dijo bajito, pero no tanto porque lo escuché –negro ¿no te irás a mandar el cagadón de poner una bomba?!- pero él no le contestó. Cuando volvimos a verlo había pasado mucho tiempo, andaba más tranquilo, no sé qué farfulló de una detención, ahora tenía un buen laburo en el puerto, con los compañeros. El negro ya no hablaba tanto, ni de los muertos ni de Perón ni de nada.
Por esas cosas de la vida y de las familias dejamos de encontrarnos con el negro y Normita. Nos juntamos otra vez cuando la Ñata cumplió quichicientos años y le organizamos una fiesta sorpresa en Los dos Chinos con todos los hermanos, sobrinos, hijos y nietos. ¡Mierda! ¡Qué cambiado andaba el negro! ¡¡Imaginátelo, el negro de traje, auto importado y movicom!! Sí, hasta movicom tenía el negro, de esos que parecían un ladrillo gris como se le veía nomás a Susana Giménez. Y también tenía zapatos de primera y olor a perfume caro. Se pasó la cena hablando por teléfono con Carlitos, porque el negro ahora era asesor del intendente Carlitos el dientudo. Resulta ser que años y años de militancia y de la vida por Perón, por la justicia social y por los montoneros le habían abierto al negro la posibilidad de acceder a – a hacer algo por la gente, che ¿qué te pensás? No soy ñoqui, yo laburo- decía. Y se ve que tanto laburaba, que Carlitos el dientudo además de ponerlo como asesor también lo puso como interventor en un banco. ¡¡El negro de interventor en un banco!! No sé, yo me imaginaba que para ese puesto mínimo tenías que saber algo de economía, o de contabilidad o por lo menos qué es el debe y el haber, pero bueh, parece que todo eso no era necesario ni para el negro ni para el intendente Carlitos el dientudo. Después de ese día no lo vimos más al negro, por lo menos así cara a cara, sabíamos por hablar cada tanto con Normita que había dejado de ser interventor del banco y ahora era interventor de la dirección de tránsito también gracias al intendente Carlitos el dientudo, que se había llevado a trabajar con él a Coco para la parte de sistemas, que las cosas les estaban yendo bien porque el negro trabajaba mucho sobre todo con las licencias de los taxis, que se habían mudado a un chalé y le habían dejado la casa vieja a Porota, la mamá de la gorda, que no, que lo de las licencias truchas eran rumores por cuestiones políticas -para desprestigiar al dientudo ¿viste? mirá si el negro se va a prender en esa.
Lo último que supimos del negro lo supimos por la tele, sí che, primera plana de todos los noticieros, él caminando entre dos policías y Coco adentro de un patrullero, en la puerta de la dirección de tránsito. Coco sobreseído, el negro un año de cárcel VIP. ¿Y la justicia social? No, no, eso era antes de los noventa.
viernes, junio 01, 2007
grrrrr
Siempre pensé que era medio obsesiva con la ortografía, me molestan los errores. Soy de esas personas que cuando piden apuntes ajenos primero los revisan, los corrigen y después sí, los estudian. Cuando tengo un texto adelante, no sé por qué, o por ahí sí sé (por obsesiva) y algo me empieza a titilar como si fuera una luz de neón fosforescente, busco rápido y ahí está, el error ortográfico pidiendo a gritos que agarre una birome y lo cambie. Los subtitulados de las películas y cualquier cosa impresa mal escrita me saca de quicio, me gustaría que existiera algún organismo oficial ante quién denunciar a los infractores lingüísticos. Con los bloggers soy más benévola, no me saco, detecto los errores y me da cierta ternurita sobradora – mirá este/a que se la da de leído y escritor... se le chispoteó una” v”, parece que después de todo es humano/a.
Que los señores de Mc Donalds repartan cosas como este troquelado entre los chicos me parece una bestialidad.








